¿Por qué, entonces, les cuesta tanto a nuestros jóvenes o apenas púberes aprehender los conceptos que se relacionan con el cuidado de sí mísmos? ¿Acaso no logran entender lo únicos y valiosos que son?
Hemos tocado estos temas en ediciones anteriores, y si lo pensamos detenidamente, encontramos un denominador común: desorientación, soledad y falsa autosuficiencia: " a mí no me va a pasar nada, puedo controlarlo".
La tentación espera a los inocentes agazapada en lo que facilmente los hace perder el control de las situaciones que los rodean y agreden, y pasan a ser, víctimas de situaciones de magnitudes tan diversas que van desde una resaca, a las consecuencias de por vida y hasta la muerte.
Una de esas consecuencias de por vida, es el embarazo, que convierte a nuestras niñas en madres cuando apenas están en condiciones biológicas de serlo, cuando están aún en lejanas vías de ser mujeres. Nenas a las que la vida se les para de frente para anunciarles que se terminó la infancia, que la adolescencia no será para ellas lo que es para cualquier otro, porque van a ser madres a los 12, 13, 14 años...., ya sea por irresponsabilidad, ignorancia, pérdida del control de sí mísmas, o lo verdadermente terrible: el abuso sexual y la violación, problemáticas que no trataremos particularmente en este artículo.
Hay muchas hipótesis que podemos sugerir, pero pareciera que una compleja red de factores produce este hecho, con todo lo que implica a nivel individual, familiar y social.
El embarazo adolescente coloca a las jóvenes en una situación de gran vulnerabilidad pues, en primer término ocurre durante una etapa de profundos cambios biopsicosociales, en la crisis de la adolescencia. Definimos a la crisis como una ruptura de un equilibrio anterior, acompañada por una sensación subjetiva de padecimiento, Estas crisis se producen en sujetos que están en situación de importantes cambios y que en esas circunstancias se interrogan acerca de su identidad, "¿quién soy?". Pero estas crisis, con sus cuestionamientos acerca de la identidad, sólo se producen en situaciones de transición. Esta etapa de tránsito hacia la adultez, que no por ser de tránsito es corta o pasajera, tiene que ver con un período revolucionario en la vida del individuo: la capacidad de dar vida.
En segundo término, viene a enclavarse una segunda crisis: el embarazo, con la particularidad de trascender en ese momento de plena maduración de la niña, y para el que difícilmente pueda estar preparado su cuerpo y su psiquis. La experiencia del embarazo marca un hito en la psicosexualidad femenina y puede estar acompañada por fantasías y ansiedades muy diversas, para cuya dilucidación es necesario tener en cuenta las circunstancias en que se produjo el embarazo, el deseo o el no deseo y la historia de vida personal y familiar. Sobre todo tomando en cuenta que no es un hecho aislado, ni que simplemente dependa de la niña, aunque en el nivel del discurso se diga "se embarazó" o quedo embarazada", como un hecho natural, si se es mujer por lo tanto es esperable que se embarace.
Sin embargo, hay otros factores que juegan en esto. Al menos en la Argentina de este milenio hay una crisis de valores, una angustia muy alta. Y un embarazo es, siempre, una apuesta a la vida y al futuro. Si bien con el embarazo construye la transgresión también construye un vínculo afectivo muy fuerte. No deberíamos olvidar que los adolescentes miran a sus madres y aprenden que los vacíos afectivos pueden llenarse con la relación con el otro. Y este otro constituye una seguridad de afecto y compañía. Alguien de quien ocuparse.
En Buenos Aires, en una encuesta realizada a una población estudiantil en 2005, se observó que la edad promedio de inicio de relaciones sexuales, fue de 13,9 años para varones y 13,7 años para mujeres, variando la proporción según el tipo de escuela a la que asistían (religiosa, laica, laica de sectores populares). El 95% de los adolescentes de la encuesta manifestó tener información sobre cómo evitar el embarazo. Un 70% de los que mantenían relaciones sexuales utilizaban algún método efectivo para evitar el embarazo en la primera relación, disminuyendo ese porcentaje en las siguientes relaciones, siendo el preservativo el método más utilizado. Además, el consenso social sobre la maternidad adolescente se ha ido modificando con los años y los cambios sociales que los acompañan.
En su afán de tomar decisiones y no confrontar con los mayores, los adolescentes tienden a resolver sus propios problemas, y en este caso se plantea un gran peligro, dado que muchas veces se buscan consejos y soluciones drásticas en pares, y personas equivocadas. Esto las lleva a implementar recetas caseras para interrumpir embarazos o toman como opción el aborto. Recordemos que en uestro país esta es una práctica ilegal, por ende, y por lo que esta práctica en sí implica, estas chicas ponen en riesgo su vida. |